LA MEDIDA DE LAS COSAS

 

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OBJETOS DE TAMAÑO COLOSAL (extractos)

 

En este apartado se han incluido todos aquellos objetos que superan con creces la medida del cuerpo humano y por ello no podemos establecer una relación a su misma escala ni sentirnos implicados. Las medidas de este tamaño colosal se definen a partir de los 6-7 metros (máximo correspondiente al tamaño grande o superior al cuerpo) hasta el máximo que el ser humano sea capaz de realizar.

Se sitúa en la escala de los mil kilómetros y sobre todo, de los  cientos de kilómetros, las realizaciones humanas de mayor magnitud: carreteras, autopistas, la Gran Muralla China. Vistas desde el espacio estas obras aparecen como líneas, como cintas ondulantes sobre la superficie del planeta o incluso simples puntos de luz, cuando se observan de noche. En cualquier caso, no tienen cualidad tridimensional. También se observan trabajos colectivos que, mirados desde el aire, aparecen como grandes áreas o superficies planas, que tampoco llegan a mostrar un aspecto tridimensional. Es el caso de las grandes ciudades y sus alrededores, las llanuras cultivadas, los grandes claros de antiguos bosques, etc.

Por debajo de la escala de la decena de kilómetros encontramos máximos absolutos tanto de altura como de profundidad: La montaña del Everest, con 8.882 m. y la fosa marina de Tonga Trench, en el Pacífico, entre 10 y 11 km.

Por debajo de la escala de 1 km, en el orden de centenares de metros, encontramos ya los grandes edificios singulares, grandes barcos, grandes satélites artificiales, etc.

 

Es una escala en donde aparecen los récords de gran tamaño, como el edificio más alto (Burj Khalifa, en Dubai con 828 m.) 4, o el buque más grande (el Prelude, 488 m. plataforma flotante de producción de gas natural) o el monumento más alto (Gate to the West, con 192 m).

Así pues, podemos concretar que el tamaño de las medidas colosales estaría entre los 6-7 metros y los aproximadamente 828 metros del edificio mayor construido hasta este momento.

 

 

TAMAÑO COLOSAL Y PERCEPCIÓN

 En estos tamaños y distancias las relaciones están completamente fuera de la participación, de la interrelación o del contacto. La visión deja de ser binocular o estereoscópica, con lo que los objetos pierden su relieve y parecen planos. En los caparazones de Moles, estas medidas implican un cambio radical ya que salimos del ámbito de la casa o del apartamento, con un fuerte carácter privado, doméstico y controlado y nos adentramos en el espacio público,  donde ya no dominamos el territorio y es necesaria una planificación. La cantidad de esfuerzo que requiere nuestra relación con un entorno cada vez mayor es también creciente (…)

A medida que nos acercamos al objeto la visión se va deformando debido a las distorsiones propias de un ángulo visual ascendente muy acusado. Nuestra percepción queda totalmente deformada cuando estamos junto a su base. (…)

Por todas estas circunstancias, el recorrido que se realiza para llegar al objeto se revela como mucho más importante que en los otros grupos de medidas. Se convierte en imprescindible si queremos obtener una correcta aprehensión del volumen y aún se convertirá en más indispensable cuando las medidas colosales se apliquen al plano horizontal o cuando se trate de un espacio interior.

 

Según como se organice dicho recorrido, variará drásticamente el significado ya que se modifica la relación corporal del caminante con el espacio, como ya veíamos en el tamaño anterior.

 

 

TAMAÑO COLOSAL Y COLOSOS

La mayor parte de figuras colosales son famosas y algunas llegaron a formar parte de las Siete Maravillas de la Antigüedad: las estatuas de Ramsés II en Abu Simbel, los colosos de Memnón (también en Egipto), el coloso de Rodas, los mohais de la Isla de Pascua, y otros.

No es sorprendente que sea en Egipto donde se puede detectar el origen de este concepto junto con los significados asociados a este tamaño.

La primera relación que se establece es obvia, directa y muy primaria: se vincula la fuerza física con un gran tamaño. No obstante esta inmediatez de asociaciones se hizo más compleja con el tiempo. El rey, representado a una escala mayor a la real, ya no era  visto simplemente como un ser humano muy grande y, por tanto, muy fuerte, sino que su fuerza (supuestamente extraordinaria) se interpretaba como la de un ser superior. Y así se pasó a la creencia de que  su “esencia” (no su fuerza) pertenecía a otro plano, un plano superior, el plano de los dioses y de lo sobrenatural.  De esta manera, una cualidad física se transformó en  símbolo y un tamaño enorme pasó a significar un poder enorme, potestad única de los dioses. (…)

 

en el antiguo Egipto se pasó de la idea de:

mayor tamaño = mayor fuerza

a la de: mayor tamaño = ser superior

 

Los colosos de Ramsés II en Abú Simbel son las mayores figuras existentes en Egipto, superando incluso a los colosos de Memnón. Con sus esculturas de 22 metros  Ramsés II mostraba a toda la población de Egipto y Nubia su esencia divina, su vinculación con la casta de los dioses y su inmortalidad.

 

inicialmente “un coloso” era un bloque de piedra que substituía

al cadáver ausente para fijar su psyche

 

(…) El colossos griego posee esta característica de enlace porque él mismo está clavado ritualmente en tierra y de esta manera “penetra” en el  otro mundo. No es, pues, una simple señal figurativa. Su función es traducir en una forma visible el poder de la muerte y, al mismo tiempo, efectuar su inserción, de una manera regulada, en el universo de los vivos.

Que el tamaño gigantesco de estas piezas exprese la inmortalidad de manera  clara y nítida ha sido percibido por todas las culturas. Si bien la grandiosidad de las dimensiones no garantiza la inmortalidad, al menos la sugiere (…)

 

Pero, ¿qué ocurre con los colosos contemporáneos?, ¿qué significados aportan?

Veamos el ejemplo más famoso, la Estatua de la Libertad  de Nueva York que mide 93 metros de altura hasta la antorcha, su punto más alto. Regalo de Francia, entusiasmó a los estadounidenses y ha permanecido como símbolo de las libertades y derechos democráticos.

No se  trata literalmente de un dios, pero tanto la antorcha simbólica como el libro de la Declaración de Independencia de 1776 que sostiene en la mano izquierda, son atributos que se han convertido en la representación popular del espíritu americano y sus ideales.  Aunque su temática no sea intimidatoria, su gran tamaño logra expresar un mensaje claro a todo aquel que se acerque por mar; el poder de una nación. (…)

Durante el siglo XX también se realizó alguna muestra muy significativa de coloso, a pesar de la crisis que la estatuaria iba arrastrando desde el siglo anterior. Un buen ejemplo fue Obrero y campesina de la escultora Vera Mukina, realizada para la Exposición Universal de Paris de 1937. Esta pareja de obreros medía unos 24 metros de altura y, por tanto, estos “vulgares” representantes del proletariado soviético superaban en  dimensiones al “divino” Ramsés II. Al elevar unos simples obreros a este tamaño, Vera Mukina los convirtió en nuevos héroes, en los nuevos dioses del estado soviético y símbolo de su ideología.

 

El gran poder ejercido por los símbolos que emanan del tamaño gigantesco fue, seguramente, la razón por la cual los talibanes volaron y destruyeron los budas de pie más grandes del mundo (con 53 m y 36 m, respectivamente) en Bāmiyān, Afganistán.  Admirados por todas las culturas desde su construcción en el siglo V, fueron destruidos en marzo de 2001 por el fanatismo fundamentalista islámico debido a la “amenaza” que representaban para su religión.

 

 

TAMAÑO COLOSAL Y ESCULTURA

Uno de los poco casos en que un escultor vanguardista volvió a la escultura pública, monumental y de tamaño colosal (mucho antes que Oldenburg en la era Pop) fue Constantin Brancusi; su Columna sin fin de 30 metros de altura, dentro del conjunto escultórico de Tirgu Jiu, en Rumania, fue realizada entre 1937-1938.

En cuanto a su significado, la Columna explora las asociaciones míticas y simbólicas que podemos encontrar todavía en nuestro inconsciente colectivo. Es una clara encarnación plástica del arquetipo axis mundi, del que ya se ha hablado ampliamente y que aparece en los mitos como “eje del mundo” o “árbol de la vida”, como “columna” o “escalera celestial”.

 

El propio Brancusi la calificó de “escalera que lleva al cielo”, que si se  ampliara aguantaría la bóveda celeste.  Este escultor tuvo la gran habilidad de recoger un significado colectivo, relacionado con el más allá y la muerte y expresarlo perfectamente a través de un lenguaje moderno de abstracción geométrica que llega a la esencia del mensaje. (…)

 

Así pues, la Columna sin fin, con sus 30 metros de altura, con su eje que comunica lo terrestre con lo celeste y su sensación de infinitud, está muy cerca de los monumentos megalíticos y egipcios que veíamos funcionar de manera satisfactoria. Funde en una sola pieza los significados del monumento y del coloso.

 

 

TAMAÑO COLOSAL, ESPACIO Y RECORRIDO

Pero ¿qué ocurre cuando el tamaño colosal se desarrolla en horizontal?

Uno de los primeros escultores que se planteó esta cuestión, antes que Oldenburg, e incluso antes que A. Caro, fue Isamu Noguchi, americano de origen japonés. Su doble procedencia le permitió sintetizar y recoger lo mejor de las dos tradiciones expresivas, la japonesa y la americana. Ya en los años cincuenta plasmó sus ideas en el Jardín de la Paz (1956-58)  de la UNESCO de París.

En esta obra realizó un especial esfuerzo a fin de integrar los antiguos principios de los jardines de Kyoto al entorno moderno. Se trataba de una metáfora de la unión y de la posibilidad de la coexistencia pacífica entre Este y Oeste, preocupación que siempre estuvo presente en la obra de Noguchi.

 

Noguchi toma del jardín japonés la importancia

de la secuencia y del recorrido

 

En los jardines japoneses lo que importa no es el dominio visual del conjunto, sino todo el recorrido perceptivo que se va desarrollando a medida que uno va circulando por los diversos itinerarios posibles. Lo que importa no sería, pues, la concepción de todas las formas y aspectos del jardín de manera simultánea, sino la secuenciación que se produce en el transcurso del tiempo necesario para recorrerlo. Esta sucesión se ve enriquecida por los diversos ritmos, velocidades, silencios y paradas que utilizamos y necesitamos para su observación y comprensión. La vista, en movimiento, cambia constantemente y a cada giro la posición relativa de los diversos hitos hace que algunos objetos varíen, de repente, de escala.

 

En sus proyectos, el recorrido personal e interiorizado permite también avanzar hacia un lugar más puro y esta secuencia prevalece sobre la visión de conjunto del espacio o paisaje.

 

en los espacios rituales la secuencia del caminante

implica un recorrido personal

hacia la pureza espiritual

 

 

TAMAÑO COLOSAL Y RECORRIDO

El tamaño, en este tipo de obras, se traduce en recorrido. La importancia de la percepción del observador es un concepto relativamente nuevo en escultura, pero en arquitectura es un elemento fundamental. Varios son los teóricos que han investigado y analizando las posibilidades formales que ofrece y sus implicaciones significativas. Así se diferencia claramente un recorrido centralizado, de un recorrido oblicuo, de un recorrido en espiral.

S. E. Rasmussen, en cambio, hace énfasis en el ritmo procesional;  un recorrido centralizado con un objetivo final y que puede actuar de hito monumental. Se trataría de un recorrido con un ritmo sagrado y solemne que circula recto y ancho, con una rígida simetría axial. Es el que se encuentra en el Altar del Cielo en Pekín y podemos encontrarlo también en muchas otras grandes avenidas rituales: Teotihuacán, la Plaza Roja de Moscú, etc... Es un ritmo jerárquico e intimidador si se trata de medidas colosales.

 

En cambio, si se trata de medidas humanas, el recorrido centralizado puede llegar a dar la sensación de claridad y armonía, como ocurre en muchas  villas de Palladio. La axialidad rotunda de la entrada de la Villa Rotonda y la regularidad perfecta de sus volúmenes se sienten como algo noble e ideal. El ritmo de la entrada, puntuada de manera esmerada por las estatuas a un lado y al otro, estimula una cadencia sosegada y armónica en su perfección.

 

Nuestros ojos, los músculos del cuello, nuestro cuerpo entero se mueve sin sobresaltos; podemos adentrarnos serenamente en este mundo de regularidad y entregarnos y abandonarnos a su ritmo controlado y perfectamente orquestado.

 

TAMAÑO COLOSAL Y EGIPTO

Vamos a ocuparnos, finalmente, de las dimensiones y recorridos de uno de los hitos más famosos del tamaño colosal: Las grandes pirámides de Egipto.

Su realización por hileras de piedra configura una estructura de peldaños escalonados que se interpreta de una manera simbólica. La escalera permitiría al espíritu del faraón ascender hasta la cumbre de la pirámide y de ahí al cielo, morada del dios Ra, padre del faraón. Se trataría de un simbolismo místico.

Este exclusivo privilegio faraónico se sustenta en  la  misma  forma  de  la  pirámide, cuya simbología general es la de la dirección vertical.

 

Así pues, como era ya de esperar por su gran dimensión y por su forma apuntando al cielo, nos volvemos a encontrar con otro simbolismo axis mundi, que se asocia, recordémoslo, con el árbol, la columna y todo lo que implique un concepto de eje que una lo terrenal con lo celestial. Su referencia es la montaña, que, objetivamente, llega a una altura más alta sobre la tierra. ¿Hay algo que pueda parecer más inmenso, perenne e inmortal que una montaña? No es probable.

 

TAMAÑO COLOSAL Y ARQUITECTURA

Desde el primer menhir erguido hasta nuestros días, la consecución de una altura sublime continúa apasionado a la humanidad. 4500 años después de las pirámides, en pleno siglo XXI, estamos aún en plena carrera en la que se disputa qué poder económico consigue el edificio de mayor altura. Aunque momentáneamente atenuada por la crisis mundial, la guerra de los rascacielos sigue abierta.

De momento, sigue en cabeza el Burj Khalifa, en Dubái (Emiratos Árabes) con 828 metros de altura y, según parece, visible ¡desde 95 km a la redonda!

El Burj Khalifa arrebató el récord de altura al Taipei 101 que se estableció en 2003 con 508 m. Otro magnífico ejemplar, las Petrona Towers  (452 m) de César Pelli, en Kuala Lumpur, mantuvieron el liderazgo desde 1996 hasta 2003. Y así  se ha establecido un largo historial de récords, arrebatados sucesivamente unos a otros, hasta llegar al año 1889 con la construcción de la Tore Eiffel (325 m) o las Pirámides en época ya remota.

Así pues la competición por alcanzar la mayor altura está viva aún, aunque el significado de “lo más alto” haya cambiado. Ya no se trata aquí de glorificar una gesta o al individuo heroico, ni de conseguir una función educativa y cívica para la comunidad. Tampoco se trata de perpetuar la memoria de algún acontecimiento que conmocionó a una sociedad, ni de que el objeto colosal contenga el alma de los muertos. Tampoco se trata de una escalera al cielo. Se trata, en cambio, de un símbolo de poder, de la supremacía de un país o de una civilización.

 

¿Pero qué ocurre con el espectador, con el ser humano y el tamaño de su cuerpo en relación a estos grandes rascacielos? ¿Actúan como modernas pirámides?

En los extremos mayores de este tamaño colosal, tanto en vertical como en horizontal, se pierde la implicación corporal ya que aparece un divorcio extremo entre lo que experimentamos al recorrerlo y su forma, que sigue siendo sólo una idea en la mente.

 

los colosos actuales funcionan como siluetas planas

en el skyline de la ciudad;

no hay implicación corporal ni recorrido procesional

 

En la misma medida que lo colosal deja de lado la comparación material con el individuo, también  pierde sus connotaciones humanas, incluyendo las preocupaciones hacia lo sobrehumano y el más allá, como era inicialmente la misión del coloso.

En el tamaño colosal no se puede obviar la vinculación ideológica. Su  peculiaridad estriba en que se trata de una gran afirmación contundente y comprometida. El carácter impositivo y de dominio que abruma al individuo se corresponde con dificultad con un espíritu democrático y liberal.

Con los colosos banales hemos perdido las “moralinas” inherentes al antiguo concepto de monumento: los personajes ejemplares y las lecciones sobre lo que hay que hacer,  lo que está bien y lo que está mal.

Pero hemos perdido también la componente trascendental, el contacto con el cosmos y el universo, con todo aquello que nos supera y no entendemos, que nos da miedo, que nos hace pensar y reflexionar.